“Operación Triunfo”para emprendedores: canta ideas en vez de notas
Si alguna vez, viendo un reality de talento en la tele, te has preguntado por qué no existe un Operación Triunfo para emprendedores, la respuesta es sencilla: esos formatos existen, pero quizá no con la visibilidad del prime time. Mientras llegan, toca conformarte con algo mucho más real: las incubadoras de ideas.
Yo acabo de pasar por una. Se llama SkyLab (en Valencia), un programa pensado para trabajar, pulir y presentar proyectos como si fueran canciones a concurso. Un escenario donde no se afinan voces, sino conceptos; donde la melodía es tu modelo de negocio y la letra es tu pitch. En definitiva, una especie de “Operación Triunfo” para almas emprendedoras.
Pero para llegar a esa audición final, a veces la vida te obliga a pasar primero por un casting mucho más duro: el de la realidad.
El accidente
La realidad tiene esa manía de superar a la ficción. A veces para bien, a veces para mal. Si te contara que aterricé en SkyLab porque me rompí una costilla, ¿qué se te pasaría por la cabeza? De tener veinticuatro costillas, pasé a veinticinco en un segundo. El cálculo, para un traumatólogo, es sencillo: una costilla se partió en dos. Lo difícil, para cualquier novelista, sería explicar por qué.
Lo cierto es que iba en mi bicicleta, mirando el asfalto camino al trabajo, enredada en mi cóctel habitual de pensamientos sobre el mañana. Una de las ruedas patinó y caí. Y antes de que pudiera incorporarme, un patinete chocó contra mí. El impacto fue seco. La costilla, pobre, se llevó todo el golpe.
“Bendita recuperación”
La cura de una costilla rota es fácil de explicar para un médico: esperar a que suelde. Nada glamuroso, por desgracia. Ni escayola pintada al estilo Frida Kahlo ni un corsé ortopédico transparente digno de Lady Gaga. Solo tiempo y paciencia.
Yo, mientras tanto, ya venía de una transición de desgaste por mi trayectoria como emprendedora con mi marca Wackyfuse, y a eso se le sumaron tres semanas de confinamiento. Tres semanas en las que, a cada paso o respiración dentro de mi estudio, sentía cómo mi propia costilla me apuñalaba una y otra vez. Aquello dolió mucho.
Tu cabeza, no habla, te grita
Cuando te ocurre algo así, es decir, un acontecimiento inesperado que te rompe los esquemas —en mi caso, literal—, tu cabeza empieza un gran discurso existencial. Al principio lo ignoras; bastante tienes ya con estar todo el día sintiéndote como un personaje mal parado en una novela de Agatha Christie, con un cuchillo clavado, sentado en tu silla esperando a que alguien descubra el crimen y por fin se dé por terminado.
Pero esa pequeña vocecita que nos guía, esa que al principio susurra, se pone muy, muy pesada… ¡y empieza a gritarte! En mi caso, me decía: “¡Déjate ya de reflexiones y aprovecha este parón para hacer algo útil con tu proyecto!” Y fue así como, buscando opciones, encontré SkyLab. Postulé, la puerta se abrió y me aceptaron en el programa. Gracias, pequeña voz, de donde quiera que vengas, te debo una. Empezaba mi particular Operación Triunfo para emprendedores.
Mi Experiencia en la Incubadora de Startups SkyLab
Digo maravillosos porque, honestamente, me he llevado más cosas positivas que negativas; pero la verdad sea dicha: un poco se sufre. Como novata en este tipo de programas que son una Operación Triunfo para emprendedores, la adaptación inicial es un reto. Absorber tanta información nueva —jerga financiera, conceptos económicos y, sobre todo, la mentalidad empresarial— para luego ordenar todo eso en la cabecita que te trajo hasta aquí, no es tarea ligera.
Reconozco que el equipo del programa lo ha simplificado a la máxima potencia para que cualquiera pueda seguir el hilo y llegar a la meta. Aun así, el éxito es directamente proporcional a las horas que inviertas. Yo, como curranta innata que soy, he dedicado muchas horas de esfuerzo… y sí, de romperme las neuronas a ratos.
El Pitch: La Audición Final del Emprendimiento
Quizá te preguntarás: «¿Para qué me puede servir entrar en un programa como SkyLab?» Estos programas están diseñados especialmente para apoyar a personas emprendedoras con una startup.
Una startup es una empresa emergente, a menudo tecnológica, diseñada para encontrar un modelo de negocio innovador que sea rápidamente escalable.
Estos entornos te ayudan a dar el primer paso o, mejor dicho, un buen empujón para que cada avance tenga una dirección estratégica y con sentido. Todos estos pasos terminan en un pitch, que no es más que una exposición cronometrada de tu proyecto, con un límite de tres a cinco minutos. El que mejor lo cante ese día se lleva el premio.
El pitch es el corazón del emprendedor y su idea explicado con lo más relevante y resumido de tu modelo de negocio, y es la llave para iniciar una buena conversación con un inversor (o investor), que al final es lo que todo emprendedor va buscando.
¡Ojo, que esto engancha!
El programa ha durado siete meses. Parece mucho tiempo, pero la verdad es que se pasa volando porque no hay descanso. Los primeros días fueron presenciales, donde te juntas y conoces por primera vez a tus compañeros (y contrincantes, te guste o no). Luego pasas a mentorías en grupo e individuales según avanza el contenido del programa.
Lo que no voy a revelar es el contenido exacto, porque no soy una spoiler como mi madre. Lo que sí diré es que esto engancha como una buena serie.
Pasas de la soledad del emprendedor a compartir en grupo todos tus traumas y dolores. De repente, ya no te sientes tan solo, y poco a poco tu cielo se despeja de tanta nube gris. Cada día del programa lo coges con más ganas. Terapia emprendedora total.
El Tercer Puesto, la Primera en Subir
Solo puedo decir que de todo este viaje he aprendido un montón de cosas nuevas por todos los costados (nunca mejor dicho). Y lo que es más importante de todo, la gente que vas conociendo por todos los caminos que pisas, y que dejan huella en ti.
Desde mentores a compañeros, pasando por el personal administrativo y los acompañantes del programa: sin este buen equipazo y su dedicación, ni tener acceso directo a los gurús de Silicon Valley, me habría ayudado a lograr un resultado tan sólido como el que logré aquí.
El día del pitch o Demo Day, como lo llaman en este programa, la audición final de esta Operación Triunfo para emprendedores, me clasifiqué en una tercera posición. Y aunque suene como algo último, me dio la suerte de subirme la primera a ese escenario y de ser la primera en escuchar mi nombre como ganadora. Hoy todavía arrastro esa resaca emocional. Ahora entiendo bien ese gustazo de que los últimos serán los primeros.
¿Y ahora, cuál es tu próximo pitch?
Mi paso por SkyLab fue el empujón, o esa píldora motivadora, que necesitaba con mi proyecto Wackyfuse para reconectarme de nuevo, volver con esa ilusión que se encuentra entre todos nosotros y coger impulso de nuevo para volar alto.
La clave para integrar toda esta información nueva en mi proyecto Wackyfuse es una historia larga y profunda que da para otra publicación… ¡y que queda pendiente!
Pero la paradoja de esta historia es que, a veces, los parones inesperados son la excusa perfecta para escucharte, improvisar y cambiar el guion.
Cuéntame, ¿cuál ha sido ese momento inesperado en tu vida que te obligó a replantearte el camino?
- Si has pasado por una incubadora o tienes un proyecto en mente, comparte tu experiencia en los comentarios.
- Para no perderte la segunda parte donde revelo la transformación de Wackyfuse y para seguir mi camino como emprendedora, ¡puedes seguirme en redes sociales o suscribirte a mi newsletter!



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